El martes llegué a Southampton después de un maravilloso y muy frío viaje a la capital de Escocia, y he venido totalmente encandilado y enamorado de esa preciosa, antigua y mágica ciudad. Y ahora, justo anoche, cayó la primera nevada en Southampton, por lo que nos pasamos la noche Heiko, Susanna y yo, junto a gente del 6º piso, jugando en la calle a pelearnos con bolas de nieve.
Quizás tenga que ver con que nunca he disfrutado demasiado de días nevadas, o a lo mejor está relacionado con que saca mi mejor y más risueño lado infantil de mí mismo, pero sea por el motivo que sea, lo que no puedo negar es que la nieve me hace sentir muy bien y me encanta. Me acuerdo de cuando mi madre me decía que me pasaba el día pensando en las musarañas jugando. Pues sí, y eso es lo que me ha llevado a ser quien soy, buscando disfrutar al máximo en todo lo que hago.
Volviendo a mi viaje, recomiendo ir a ese rincón del mundo, donde disfrutar de montaña, mar y ciudad al mismo tiempo, con parajes inmejorables. Eso sí, la próxima vez escogeré fechas primaverales para verlo todo verde, aunque blanco tiene un encanto descomunal. Y es que no puedo dejar de usar adjetivos positivos y que expresen este estado de euforia en el que me encuentro. Sin clases por el momento (aunque alguna cosilla estoy volviendo a hacer, que va tocando), con los días para disfrutar y divertirme, estoy recolectando las alegrías de este año de Erasmus que, como ya me dijeron antes de venir, nunca olvidaré.
Ahora, para dejaros, os adjunto la fotografía que me saqué desde Calton Hill. Nunca me he sentido tan lleno e inspirado como lo estuve el rato que divisé Edimburgo desde allí.
¡Llega la blanca navidad!
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