Ya estoy en mi tercera semana en estas tierras, y aunque empiezo a acostumbrarme a la vida y las tradiciones de aquí, no hay día que no deje de sorprenderme.
Inglaterra es bastante similar a España en lo general, pero con algunos pequeños cambios. Aquí la gente aparenta ser más educada y amable, aunque en cuanto te descuidas te puedes encontrar con algún loco de turno, ya que gente extraña hay en todas partes. Sin embargo, las pintas extrañas (poco comunes y muy reconocibles en mi tierra natal) aquí son pan de cada día.
Mujeres conjuntadas al 100% con tonos rosas, gente mezcla entre japonesa, amy winehouse y un dragqueen, sucedáneos de emo repletos de tatuajes, chicas con minifaldas y cortos vestidos extravagantes a menos de 10 grados y con sus lazitos en el pelo como si fueran la ratita presumida, etc. Vamos, la mar de curioso todo.
Sin embargo, lo que más me sorprendió anoche, que salí junto a mi compañera de clase belga Sibylle, es encontrarme otra vez con una calle llena de charcos de sangre, o que aquí la gente va más a saco (y más borracha) que en España. Y luego dicen...
Sumándole a esto el curioso caso del otro día, donde una cajera del supermercado ASDA (precios escandalosamente baratos, como noodles a 10 peniques o bandejas de 12 donuts a 2 libras) discutía con la máquina, se estiraba del pelo, se mordía exageradamente la mano, se retorcía las orejas y para colmo, al despedirse te decía “Good afternoon. Thanks. Shut up, idiot!”... buen método para que luego nadie te replique nada.
Para terminar, destacar que aquí te puedes encontrar a auténticos abuelitos entrañables trabajando de cajeros, una gran cantidad de etnias, que los freshers del piso de abajo tienen en su cocina día si y día tambien la botella de vodka en medio de la mesa (quizás para sazonar sus cereales), las mujeres se zurran más que los hombres o que ser español esta muy de moda (y hablar español todavía más). Es una putada, sobretodo cuando quieres centrarte en hablar y aprender inglés. Sí, todo es como en Pulp Fiction: “la misma mierda, pero con pequeñas diferencias”.
Pero bueno, todas estas extravagantes cosas, no hacen más que elevar el nivel de entrañable que resulta esta ciudad para mí. ¡Saludos desde Southampton!

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