lunes, 1 de noviembre de 2010

Pequeñas manchas rosas tiñen el cielo gris


No siempre me asusto fácilmente, pero lo hago. Pero lo bueno es que siempre hay una solución, una vía de escape.

Porque no importa cuanto te puedan entristecer ciertas decepciones. Ni cuanto llegues a extrañar una tierra en la que a veces también te sentías solo. No puedes evitar dejar de mirar atrás, al menos durante unos minutos, para encontrar algo que añorar, algo que ahora crees que fue perfecto, y que sin embargo la memoria te puede demostrar lo contrario.

Los días malos son como los buenos: existen. También los hay vacíos, huecos, rellenos de algo sabroso, y de algo no tan apetecible. Los hay cubiertos de mierda o los que tienen una masa dulce y esponjosa, que te hacen sentir bien. Los hay planos y largos, cortos y asfixiantes. Los hay monocromos o coloristas. Pero sobretodo los hay que son de un color, pero con un sutil punto final de su opuesto, que produce tal contraste que te hace declinar la balanza hacia este último.

Pues no puedo evitar enfadarme, refunfuñar, entristecerme, añorar, marearme y pensar, pero siempre puedo recurrir a una risa, una caricia amiga al otro lado del auricular, que me haga olvidar los grises bocetos, y quedarme con la obra final.

El mejor resultado, saber que tengo a mi gente ahí. Que os tengo aquí. Que te tengo a ti. ^^



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