Los domingos me irritan. Mi hiperactividad aumenta, y sin embargo no hay nada que consiga retenerme en estas cuatro paredes sin sentirme enjaulado. Recuerdo que me pasaba en mi época de colegio e instituto, posteriormente los domingos de resaca en mi guarida y el año pasado en casa de mi hermano, escribiendo artículos para el día siguiente.
Sin embargo, aquí los domingos son algo más animados. Igual de somnolientos, pero con más lugares a los que acudir a espabilarte un poco, antes de que llegue de nuevo el lunes que abre cada semana. Hoy, tras salir a corres y hacer varios trabajos, he ido a dar una vuelta por el puerto. Y aquí, los días con sol y nubes, son como aquellos pequeños preciosos paréntesis que en ocasiones podía divisar desde mi guarida.
Aquí la melancolía se puede incluso oler. Y la inspiración también. Es un sitio perfecto para sentir, pensar y crear. Y acerté al venir aquí buscando precisamente esas tres cosas.

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