jueves, 21 de octubre de 2010

Una sonrisa sin prisa

Sin demasiadas ganas de marcharse, así se ha asentado hace un par de días una sonrisa en mi boca. Perezosa y algo obesa, ni siquiera se mueve un milímetro para ir al baño. Esta tan cómoda en la parte baja de mi cara, en el hueco que ha encontrado entre la nariz y la barbilla, que no parece tener intenciones de abandonar este lugar al que ha llegado sin previo aviso.


Quizás la trajo un buen lunes o un fructífero martes. Posiblemente lo haya retenido la escapada al maravilloso Common Park del miércoles, con la divertida sesión de fotos en el cementerio de la ciudad, tan gótico y bonito, tan inspirador y misterioso. Y tampoco se quiso marchar anoche, en una noche algo aburrida en una fiesta afroamericana en una discoteca (última vez que pago por una entrada tan abultada sin saber bien a donde me adentro).


Y es que, aunque estén muy cerca los fantasmas y demonios de Halloween, me parece que la sonrisa traviesa se quedará a jugar un rato más, disfrutando de la hospitalidad que le da el resto de mi cuerpo, encantado con su visita.


Lo malo de estos simpáticos huéspedes es que nunca sabes cuando te van a abandonar. Sin embargo, hay que disfrutar de su compañía, mientras dure.


4 comentarios:

  1. Ni que escribiera cosas de terror... xDDDD
    Gracias, cada vez tus elogios me llegan más ^^

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  2. Si te haces esa foto en Valencia no te quitas el picor de los bichos de la cara en tres meses.

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  3. XD... Además de verdad... Y lo blandito que está el césped aquí, no como el de Valencia, que es 70% tierra...

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